Bienvenida

sábado, 21 de enero de 2017

Motivarnos o motivarlos



Respiré hondo, arreglé mi blusa y sonreí. Así inició mi entrada al nuevo grupo asignado para impartir la materia de Literatura II para el nuevo semestre. Eché una mirada rápida tratando de identificar a los "jóvenes problema" señalados por una conducta no apropiada dentro del recinto educativo y por lo tanto infractores del reglamento escolar. A algunos los conocía de nombre a otros solo identificaba su cara. Quizá ellos hayan escuchado cosas abominables sobre mi, otros me compararían con la directora "Troncha Toro" de la película de Matilda y algunos ni idea tenían de quién era.
Traté de que en este primer encuentro quedara claro la forma en que me gusta que trabajen, las reglas al interior del aula -que no son muchas- indispensables para conducirse que se resumen prácticamente en el respeto y la tolerancia hacia sus compañeros. Ellos, mis nuevos alumnos me miraban fijamente sin perder detalle, anoté mi nombre completo en el pizarrón y continué. 

Todos estaban atentos, callados, uno que otro inquieto platicaba en voz baja con alguno de sus compañeros, detuve mi discurso y los miré fijamente, todos voltearon a verlos y por fin se percataron que ellos habían sido el motivo por el que yo había optado por callar, les pregunté si no interrumpía, y apenados por la falta contestaron con un suave no.

Hablé de manera general de los temas que se abordarían en la materia, hice algunas preguntas sobre temas específicos para medir el grado de conocimiento adquirido en el curso anterior y continué. Les hablé de la importancia y fuerza que adquiere la palabra escrita y hablada y que en muchas ocasiones no nos percatamos de ello, de lo fundamental que es leer y analizar cada cosa que decimos antes de emitir un juicio, de la historia del hombre, de los mitos, de las leyendas y al ver que poco a poco se interesaban más en el tema, les platiqué casi casi les actué el mito de la creación de "La Vía Láctea", hablamos de dioses, semidioses, y a mitad de la clase me detuve para hacer énfasis en sus intereses, sus destrezas y sus habilidades. 
Mientras copiaban del pizarrón un pequeño esquema empecé a reflexionar:

Las generaciones con las que hemos venido trabajando de un tiempo a la fecha exigen otro tipo de maestros, no hemos entendido que el papel del maestro autoritario, que pretende que el alumno solo escuche, observe y obedezca ha quedado atrás, nuestros hijos y alumnos son diferentes, no podemos seguir educando como nos educaron a nosotros porque el mundo para el que nuestros padres lo hicieron es diferente. Con ello no quiero decir que las reglas y normas deben hacerse a un lado, porque entonces estaríamos ante una completa falta de autoridad y eso nos conduciría a una descomposición más rápida de la sociedad.
Nosotros obedecíamos sin cuestionar, acatábamos sin discutir, obedecíamos sin ver, y quizá en su momento fue bueno, excelente para muchos que hoy son triunfadores pero el triunfo no puede atribuirse solo a la forma con la que fuimos educados. Nuestra generación tenía padres que estaban más en casa, que veían menos televisión, que se sentaban a la mesa a observar cómo hacíamos la tarea y donde a la hora de la comida conversábamos de muchas cosas, el mundo era más seguro y ellos, nuestros padres tenían la confianza de dejarnos salir sin  temor de que alguien nos hiciera algo. Nosotros, los de nuestra generación no teníamos esta lluvia de información que hoy se ha convertido en desinformación porque no hay quien los acompañe y explique qué sí y qué no. De algunos años a la fecha el mundo del internet en especial de las redes sociales "se ha tragado" a los jóvenes. Hoy se preocupan más por la cantidad de "likes" o aprobaciones que por hacer algo productivo que les genere más oportunidades.
Si bien es cierto la educación inicia en la casa y como la tradición lo ha dictado es en la escuela donde se refuerza, pero ¿cómo reforzarla si quienes educamos no nos damos el tiempo ni siquiera de conocerlos? de saber cómo viven, cuáles son sus miedos, cuáles sus aspiraciones, cuáles sus metas y mucho menos cuál es su proyecto de vida?

Todos suponemos que las cosas se hacen, que ellos llegan con un cúmulo de ´conocimientos´adquiridos años atrás, pero, y si no es así, si realmente quien estuvo antes que nosotros no cumplió a cabalidad con lo que se supone debió hacer, entonces, ¿cerraremos los ojos, daremos carpetazo y continuaremos sin cubrir huecos ni en conocimiento ni existenciales?
Alguna vez les hemos preguntado ¿qué los motiva?¿qué los hace felices? ¿qué ocurre cuando su comportamiento negativo les genera un sin fin de castigos y sin embargo sigue siendo recurrente? 
¿Cómo exigirle a un alumno que ve que su maestro no prepara la clase, no respeta al compañero, no predica con el ejemplo? Para exigir, hay que dar, para esperar hay que dar, para que cumplan hay que motivar, para ser querido hay que querer, todo absolutamente todo en esta vida debe ser recíproco si deseamos obtener una respuesta positiva, de lo contrario siempre serán negativas.
Las frases motivacionales sin el ejemplo pierden fuerza, publicar lo que debería ser sin sentirlo ni hacerlo pierden credibilidad. Copiar lo que a otros les ha dado resultado no asegura nuestro éxito, porque los contextos son diferentes. No asumir que somos parte del problema nos hunde más en el mismo, preocuparnos y no ocuparnos nos demuestra solo la falta de compromiso. Deslindar la responsabilidad en otros y no asumir lo que nos corresponde nos convierte en peleles de la educación. Caminar sin dirección no nos lleva a otra cosa que al fracaso. 
Nuestros alumnos están hambrientos de un ejemplo a seguir, de alguien tangible a quién admirar, quién les enseñe el mejor camino, quien CONFÍE en ellos, quién esté ahí para escucharlos y lo más importante quién los MOTIVE a ser mejores personas.
Los 50 minutos terminaron con el pase de lista y la revisión de la actividad del día de hoy sábado 21 de enero, eran ya las 8:42 de la mañana y el timbre anunció que la clase había terminado.
Para hacer la diferencia hay que ser diferentes








No hay comentarios:

Publicar un comentario