El día inició normal, normal para una escuela pública como todas las que hay en nuestro país, los alumnos se apresuran por llegar a su clase de las siete de la mañana diez minutos después del timbre, tratando de convencer primero al prefecto de la entrada para que les de acceso y después al maestro, que entre regaños accede en algunos casos, con el único fin de que el alumno no se quede sin recibir la información del día.
Así se llegó a la mitad de la jornada y justo para iniciar la clase de las 11:30 am, la profesora de la materia de Taller de Lectura y Redacción, se acerca y me dice:
"Maestra, le traigo nuevamente a 'Laura', no se ha puesto al corriente con sus trabajos, no toma apuntes y prácticamente me ha dicho en la cara que no tiene cuaderno de mi materia -el semestre inició el 17 de agosto- por lo que yo no sé a que viene a la escuela".
"Maestra, le traigo nuevamente a 'Laura', no se ha puesto al corriente con sus trabajos, no toma apuntes y prácticamente me ha dicho en la cara que no tiene cuaderno de mi materia -el semestre inició el 17 de agosto- por lo que yo no sé a que viene a la escuela".
'Laura' una jovencita alta, delgada, ojos grandes y tristes, pelo lacio y largo, me mira y sabiendo lo que le voy a preguntar, se queda callada esperando a que lance la pregunta obligada: ¿Cómo es eso que no tienes cuaderno? es acaso ¿porque no hay dinero en casa? o porque ¿no te interesa la materia? Ella, duda unos segundos antes de contestar, titubea y me dice: "El dinero hace falta en casa, pero no es eso, simplemente no tengo cuaderno". Volteo a una pequeña silla donde coloco los cuadernos reciclados de semestres anteriores y le digo: "puedes tomar uno de los que están ahí, y usarlo, pero es necesario que te pongas al corriente con todos los apuntes que hasta la fecha la maestra de TLR les ha proporcionado".
Recuerdo que días antes la maestra de Química me dio el mismo reporte, 'Laura' no hace nada en clase, no cumple con las tareas y se niega a participar.
Con ese antecedente hago un recordatorio a la alumna y le señalo su promesa de quedarse después de clases en mi cubículo a trabajar en las asignaturas en donde no ha entregado trabajos a fin de no acumular mas "cincos" y ponga en riesgo su estancia en la preparatoria, sobre todo porque con más de tres materias reprobadas no podrá inscribirse al próximo semestre.
La maestra permanece frente a mi y a lado de Laura, esperando seguramente una reprimenda de mi parte, ya que como asesora es mi deber intervenir en este problema reportado. Respiro hondo y busco mi mejor tono de voz, que no resulte agresivo pero si tajante y vuelvo a preguntar ¿Qué está pasando que no muestras el mínimo interés en los trabajos académicos? ¿Pasa algo que no me hayas dicho? ¿Son acaso problemas en tu casa? o -pregunta que responde a todo lo que sucede con 'Laura'- ¿Acaso no entiendes lo que la maestra explica?
Ante esta última pregunta, 'Laura' se convierte en un mar de lágrimas y me contesta con voz cortada por el llanto "Así es asesora, desde que entré a la prepa casi no entiendo las clases, vamos demasiado rápido, y, tengo problemas, problemas para aprender, en mi otra escuela (la secundaria) tenía maestros de apoyo y aquí siento que me estoy perdiendo".
Ahora era la maestra la que veía a 'Laura' con gran asombro, no podía creer que tenía frente a ella, una jovencita que clamaba a gritos ayuda y que no se había dado cuenta del serio problema que para nuestra alumna significaba cursar el bachillerato y lo difícil que era tratar de comprender su materia. Se quedó callada esperando que yo resolviera y le diera la estrategia a seguir.
Dejé que continuara su relato, agregando que se avergonzaba no aprender y que desde que inició su educación sus compañeros se burlaban de ella, poniéndole apodos que hacían referencia a su "deficiencia".
Con esta confesión, y tratando de rescatar no solo lo que mi profesión me dictaba sino mi comprensión de madre de una niña que tiene los mismos problemas de 'Laura' , le hablé como quisiera que le hablaran a mi hija:
Entiendo perfectamente de lo que me hablas, pero esto lo resolveremos con la ayuda de tu maestra y con el mío. Desafortunadamente en esta escuela no tenemos apoyo de USAER (Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular) como lo tuviste en la secundaria, pero haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que vayas a tu ritmo, la maestra -viéndola a los ojos casi ordenándole lo que tenía que hacer- te dará tiempo para que te pongas al corriente con apuntes y tendrá un acercamiento en cada clase para explicar detenidamente el tema que vaya viendo. Pedirás por lo pronto un cuaderno para que en tu casa, a tu ritmo, pases todos los apuntes y te pongas al día, y por las burlas no te preocupes, la maestra y yo estaremos contigo para evitar que esto suceda.
'Laura' no paraba de llorar, ahora yo no sabía si era por sentirse comprendida, apoyada o porque le seguía doliendo su situación. Seguí hablando tratando de que mis palabras fueran un bálsamo que le proporcionara tranquilidad y comprensión, ahora, la maestra se sumó ofreciendo su apoyo, yo no sé si realmente nuestra alumna la conmovió, se sintió apenada por no haberse dado cuenta de lo duro que era para 'Laura' el ir a la escuela o porque no le quedaba más que seguir mis indicaciones.
Finalmente, ya más tranquila, regresó a su salón.
Esta es una historia que se repite con mucha frecuencia en el Sistema Educativo Mexicano, la falta de apoyo para nuestras instituciones de personal capacitado para ayudarnos a enfrentar los problemas de aprendizaje de los alumnos, la pérdida de sensibilidad por parte de maestros, el continuar con la educación tradicional, el no interesarnos por apropiarnos cuando menos de lectura sobre trastornos de aprendizaje, el poco interés de las autoridades educativas para que contemos con un departamento capacitado que nos acompañe en nuestra tarea y nos de la guía necesaria para atender a nuestros niños y jóvenes, hace que muchos alumnos como 'Laura' sean un número más en la deserción escolar.


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